martes, 1 de septiembre de 2015

la tecnología y usted?



¿quién controla a quién?

Jenni se ha enviciado con un juego electrónico. Ella dice: “Juego ocho horas al día. Creo que tengo un verdadero problema”.

Dennis intentó vivir sin celular ni Internet siete días, pero no aguantó ni dos.

No crea que Jenni y Dennis son adolescentes. Dennis tiene 49 años, y Jenni tiene 40 y es madre de cuatro hijos.

¿CREE usted que dependemos de la tecnología?

Muchos dirían que sí, y no les falta razón. 
Los dispositivos electrónicos se han hecho imprescindibles en el trabajo y en la vida social. Por otra parte, la gente los utiliza cada vez más para entretenerse.


Sin embargo, a muchas personas les pasa lo mismo que a Jenni y a Dennis: dependen demasiado de la tecnología. Por ejemplo, Nicole, de 20 años, confiesa: “Odio admitirlo, pero mi teléfono y yo somos amigos inseparables. Siempre lo tengo cerca. Me vuelvo loca si no tengo señal y no puedo pasar ni media hora sin leer mis mensajes. Es un poco absurdo, lo reconozco”.


Hay quienes se despiertan para revisar si tienen mensajes o avisos y hasta sufren síndrome de abstinencia cuando se les separa de su “amigo digital”. Algunos expertos afirman que estas personas son “tecnoadictas”, es decir, han desarrollado una fuerte dependencia a Internet, a su teléfono o a la tecnología en general. Otros prefieren no hablar de adicción, sino de un comportamiento problemático, compulsivo u obsesivo.


Sea cual sea la etiqueta que se le ponga, está claro que el uso excesivo de la tecnología puede traer problemas. Por ejemplo, pudiera separar a los miembros de una familia. Una chica de 20 años se lamenta: “Mi padre no se entera de nada de lo que pasa en mi vida porque está todo el día con el teléfono escribiendo correos y mandando mensajes, incluso cuando habla conmigo. Seguro que me quiere, pero no lo parece”.

La desintoxicación

En lugares como China, Corea del Sur, Estados Unidos y el Reino Unido existen centros de “desintoxicación” para rehabilitar a la gente enganchada a la tecnología. Allí se les impide el acceso a Internet y se les priva de sus teléfonos y tabletas durante varios días. Brett, un joven que ingresó en uno de estos centros voluntariamente, dice que pasaba hasta dieciséis horas al día jugando en Internet. Él admite: “Para mí, jugar era como drogarme”. Cuando Brett entró en el centro, ya había perdido su trabajo, sus amigos y su dignidad. ¿Qué se puede hacer para no acabar así?


EVALÚE EL USO QUE DA A LA TECNOLOGÍA. 
Para determinar el efecto que la tecnología tiene en su vida, pregúntese lo siguiente: 


¿Me pongo nervioso o de mal humor si no tengo acceso a Internet o no puedo usar mi teléfono? 


¿Puedo desconectarme cuando yo quiera? 


¿Me levanto de noche tan solo para revisar mis mensajes? 


¿Estoy más pendiente de mi celular que de mi familia? ¿Respondería mi familia igual que yo a esta pregunta? 


Si por culpa de la tecnología usted está descuidando “las cosas más importantes” de la vida, como su familia y sus responsabilidades, entonces es hora de cambiar (Filipenses 1:10). 

¿Cómo?

PÓNGASE LÍMITES RAZONABLES. 
Lo bueno, si poco, dos veces bueno. Así que, tanto si utiliza la tecnología para trabajar como para entretenerse, póngase un tiempo límite y cúmplalo.

Sugerencia: ¿Por qué no pide la ayuda de un familiar o un amigo? La Biblia dice: “Mejores son dos que uno [...]. Pues si uno de ellos cae, el otro puede levantar a su socio” (Eclesiastés 4:9, 10).

No permita que la fascinación se convierta en obsesión

En el futuro, la información se transmitirá y recibirá con más facilidad y rapidez aún, por lo que podemos esperar que el número de personas enganchadas a la tecnología siga aumentando. Pero usted no permita que la fascinación se convierta en obsesión. Aproveche bien el tiempo, y no lo pierda con la tecnología (Efesios 5:16).

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